Cada vez es más popular la práctica del yoga como una especie de reset que nos devuelve el equilibrio mental, desentumece los músculos inactivos por el sedentarismo y disipa el estrés acumulado en el día a día. Un bálsamo para ese estilo de vida un tanto desnaturalizado que llevamos.
El hombre ha desarrollado la civilización hasta llegar a unos niveles de productivismo desbordante. Lo vemos en nuestra práctica diaria. Tenemos la necesidad de estar haciendo cosas continuamente. Sentirnos activos. Si no hacemos cosas nos sentimos mal. En toda esa dinámica acumulamos estrés, tenemos la sensación de llegar tarde a todos lados, de alejarnos de las metas que nos hemos propuesto y nos olvidamos, con frecuencia, de nosotros mismos, de cuidarnos. Porque aunque pensemos que lo estamos haciendo, vemos nuestro cuidado personal como una carrera.
En toda esta vorágine frenética necesitamos una parada, un paréntesis. El yoga nos lo proporciona. En una entrevista concedida al magazine Expediente Abierto, la instructora Judith Martínez subrayó que yoga significa unión. La unión entre el cuerpo, la mente y el espíritu. La unión entre el ser humano y el entorno natural que lo rodea. Para que esta unión se produzca es necesario que nos olvidemos de las prisas, que conectemos con nuestro interior.
Judith comenta que el yoga es todo lo contrario al multitasking, ese modo con el que funcionamos habitualmente y con el que pretendemos hacer varias cosas al mismo tiempo. En las sesiones de yoga solo estamos concentrados en la respiración y en hacer bien las posturas. Algo muy sencillo. Y, sin embargo, estamos trabajando varios aspectos de nuestro ser al mismo tiempo. Sin grandes pretensiones, sin metas obsesivas, solo dejándonos llevar.
Una práctica milenaria.
Cuenta el blog de la cadena de tiendas C&A que el yoga se originó en la India hace miles de años. Como una de las 6 visiones filosóficas del mundo. Una filosofía con carácter práctico, que venía acompañada de una serie de ejercicios de respiración, meditación y posturas corporales que estimulaban el autoconocimiento, buscaban la conexión entre el plano físico y espiritual y la plena integración del hombre con la naturaleza y el cosmos.
El yoga aparece mencionado por primera vez en los Vegas, uno de los libros sagrados del hinduismo, hace 3.500 años. Pero se sabe que su práctica era bastante anterior y que se había transmitido de generación en generación por tradición oral.
Esta disciplina se fue desarrollando durante siglos, hasta que un erudito indio, Patanjali, condensó todo ese conocimiento en 194 versos, los yogas sutras. Considerados los fundamentos del yoga. Patanjali vivió en algún momento comprendido entre los siglos II antes de Cristo y IV después de Cristo.
Las formas clásicas del yoga, las secuencias de ejercicios que conocemos en la actualidad, se supone que fueron cogiendo forma entre los siglos VI y XV de nuestra era.
Con la colonización británica de la India, el yoga pasó a estar prohibido y se consideró una manifestación pagana del pueblo hindú. Hasta que en 1893, el pensador indio Swami Vivekananda habló de él en un célebre discurso pronunciado ante el Parlamento de las Religiones del Mundo de Chicago. Es tal la expectación que creó Vivekananda que se le invitó a dar conferencias en Estados Unidos e Inglaterra, dando a conocer el yoga en el mundo occidental.
La popularidad actual del yoga no se puede entender sin partir de la amplitud de miras que se dio entre un sector de la juventud durante la segunda mitad de la década de los años 60. Por insistencias de George Harrison, en febrero de 1968, los Beatles acudieron a un retiro espiritual en la India impartido por el gurú Maharishi Mahesh Yogi. Desde aquel momento, las filosofías orientales se empezaron a tener en cuenta como una alternativa al estilo de vida occidental.
Los beneficios físicos del yoga.
Desde luego, si el yoga se ha vuelto tan popular en nuestros días es porque, entre otras cosas, trae consigo una serie de ejercicios suaves, basados en posturas y estiramientos, que se pueden practicar desde la niñez hasta los 90 años. La revista Vogue nos habla de algunos de estos beneficios físicos.
Uno de ellos es que fortalece los huesos y articulaciones. Las posturas del yoga evitan que el ácido láctico se acumule en el cuerpo. Al tiempo que evita la pérdida de masa ósea por medio del estiramiento de las articulaciones. El yoga es un método natural de combatir la osteoporosis.
Con los estiramientos, el yoga potencia la flexibilidad muscular. Una actividad que previene lesiones y que hace que nuestro cuerpo se sienta más ágil.
Con una práctica bien guiada, el yoga es útil para aliviar una gran cantidad de dolores crónicos: dolores de espalda, dolores en el cuello, lumbares, dolores de rodilla, artritis reumatoide, lumbalgia, fibromialgia, etc.
La práctica regular del yoga es una magnífica terapia antienvejecimiento. Esa combinación entre respiración profunda, relajación física y mental, y estiramientos musculares retrasa los efectos del paso del tiempo sobre nuestro cuerpo.
La respiración consciente amplia nuestra capacidad pulmonar. Lo cual reporta grandes beneficios a otras áreas del cuerpo como la mejora de la circulación sanguínea y la reducción de los niveles de cortisol y colesterol en sangre. Unos efectos que reducen las posibilidades de sufrir un accidente cardiovascular.
Efectos mentales.
Como continúa señalando la revista Vogue, la práctica regular del yoga también nos reporta significativos beneficios para nuestra salud mental.
Un estudio realizado por el sociólogo estadounidense Ronald C. Kessler, profesor del Harvard Medical School, indica que la práctica regular del yoga tiene unos efectos contra el estrés y la ansiedad equiparables a los de un tratamiento médico tradicional; es decir, el consumo de ansiolíticos bajo receta médica.
Otro estudio, esta vez realizado por la Fundación Swami Vivekananda demostró que las personas que practican yoga tendían a conciliar el sueño 10 minutos antes que las que no lo hacían, al tiempo que solían dormir una hora más. Se trata, además de un sueño reparador, con ausencia de micro-despertares a lo largo de la noche. Lo que ha motivado que en algunas clínicas del sueño se recomiende el yoga como una terapia complementaria.
Una vía de investigación que está cogiendo bastante fuerza es la que relaciona el yoga con las habilidades de estudio. En concreto la concentración y la atención. Un efecto que mejora el rendimiento escolar y que está alentando a muchos pedagogos a introducir su práctica en las escuelas. Como una medida para combatir el fracaso escolar y para fomentar el aprendizaje cuando existen trastornos subyacentes como el TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad).
Precisamente, por esta misma razón y por sus efectos contra el estrés, algunas empresas están incluyendo el yoga en la rutina laboral. En una actividad que se realiza antes del comienzo de la jornada y que mejora de manera significativa la productividad de los trabajadores. Ya que les ayuda a que estén más concentrados en sus tareas, que les afecte menos el cansancio y contribuye a que se creen ambientes más agradables de trabajo.
Nuevas propuestas del yoga.
En esta tendencia por hacer más presente el yoga en la vida habitual de las personas están apareciendo nuevas propuestas que hacen esta disciplina más atractiva y la ligan a problemas concretos que aparecen en el día a día.
El proyecto Despierta y Entrena creado por la profesional del fitness y coach deportiva Laura Tejerina, desde el que se organizan programas deportivos para empresas, colegios y a nivel particular, nos habla en el blog de su página web del Nirvana Fitness. Un programa de ejercicios que utiliza movimientos de yoga y respiración consciente.
Se trata de tablas de ejercicios coreografiados, con música de fondo, como una clase de fitness, pero en el que se utilizan posturas y estiramientos propios del yoga y se pone especial hincapié en la respiración. Laura indica que se trata de un fitness respiratorio, que aumenta la capacidad pulmonar y educa a la gente en utilizar y controlar de manera adecuada la respiración.
Salvo que seamos deportistas, la mayoría de la gente no trabajamos la respiración profunda. Respiramos en modo automático, porque es una actividad inherente a la vida. Pero no le sacamos todo el provecho a este ejercicio. Un vicio, que como hemos visto, aumenta el riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares en las sociedades modernas.
El Nirvana Fitness es también una forma interesante de introducirse en el yoga para aquellas personas que nunca lo han practicado y que a priori les parece una disciplina un tanto aburrida por el tema de la concentración y el trasfondo espiritual hindú.
Otra propuesta novedosa es el Power Yoga, que coge también elementos del fitness y que orienta los movimientos de yoga al aumento de la fuerza muscular y a la quema de calorías. El Vinyasa Yoga, conocido también como yoga fluido, sincroniza la respiración consciente con secuencias dinámicas que no se detienen entre postura y postura. Esta es una variante de yoga para practicantes expertos.
¿Con qué frecuencia debemos practicar el yoga?
Estamos viendo que el yoga combate el estrés, beneficia nuestra salud cardiovascular y mejora nuestro estado físico en general. Pero, ¿con qué regularidad debemos practicarlo? ¿Cuánto deben durar nuestras sesiones de yoga?
El portal informativo Infobae señala que para empezar es interesante hacerlo en dos sesiones semanales que no tienen por qué ser largas, basta con que cada sesión sea de 20 o 30 minutos, para no sobrecargar demasiado los músculos. Esta práctica es suficiente para desconectar del estrés diario y estirar el cuerpo. La duración corta y el hecho de que las sesiones estén espaciadas en el tiempo hacen compatible el yoga con otras actividades físicas que tengamos programadas, como acudir al gimnasio, y con nuestro ritmo de vida habitual.
Para personas que quieran ganar fuerza y flexibilidad en menos tiempo y avanzar en el yoga con más rapidez se pueden planificar entre 3 y 5 sesiones de yoga a la semana. Hay personas que practican yoga cada día. Lo tienen integrado en su rutina diaria. Para estas personas, además de mantener el estado físico, el yoga es un estilo de vida. Una forma de entender el mundo y de relacionarse con él.
En el yoga no hay que tener prisa. Está bien fijarse objetivos, pero lo más importante es dejarse llevar y disfrutarlo. Todos estos beneficios de los que hemos estado hablando se notan con la constancia. El yoga es un entrenamiento del cuerpo y la mente que va modificando nuestro estado físico y mental, proporcionándonos con el tiempo un mayor bienestar y una mayor calidad de vida.
El yoga y la consciencia plena.
El auge del yoga coincide con la popularidad de otras disciplinas de inspiración oriental como la meditación y el mindfulness. Técnicas todas ellas que nos ayudan a relajar nuestra mente y a alejarla de las preocupaciones que nos absorben cada día.
La meditación, al menos como la practicamos en la actualidad, proviene de la tradición religiosa del budismo y del hinduismo, que lo que pretende es que nos concentremos en lo que está sucediendo a nuestro alrededor: el silencio, los sonidos de la naturaleza, el ritmo de nuestra respiración, disipando de nuestra mente las ideas negativas en un ejercicio de liberación.
El mindfulness, aunque bebe de la meditación oriental, en realidad fue creado por el doctor norteamericano Jon Kabat-Zinn en 1979, según indica la página web de la Editorial Kairos, con una finalidad terapéutica, la lucha contra el estrés. Este psicólogo, hoy profesor emérito de la Universidad de Massachusetts, se inspira en las prácticas de meditación del budismo y del yoga y les extirpa el componente religioso.
Las clases de yoga que se imparten en la actualidad en centros deportivos están alejadas de la filosofía hinduista de la que nació y se centran en sus efectos deportivos y para la salud. Algo, que a mi entender, es positivo para el conjunto de la sociedad. Ya que le ayuda a resolver sus problemas sin mezclarlo con concepciones espirituales que forman parte de la esfera más privada e íntima de cada persona.









