Una de las patologías que más molestan a muchas personas son las várices. Son unas venas hinchadas y retorcidas que aparecen en las piernas, que duelen, pesan y que llegan incluso a avergonzar cuando llega el verano. La buena noticia es que en la actualidad existen opciones para su tratamiento. Vamos a conocer más sobre ellas.
Conociendo más sobre las várices
Las venas son como unos tubos que se encargan de llevar la sangre de vuelta al corazón. En el momento en que las válvulas que ayudan en ese viaje no funcionan bien, la sangre se acumula y las venas se dilatan.
Existen factores, como nos recuerdan los expertos del Centro Quirúrgico Calero & Manzano, que ayudan a que aparezcan, como estar muchas horas de pie, el sobrepeso, el embarazo o incluso la genética. Comienzan siendo motivo de disgusto estético, pero además producen cansancio en las piernas, hinchazón e incluso calambres.
Lo importante es actuar sobre ellas antes de que la situación empeore, puesto que ignorar su aparición puede producir problemas más importantes en forma de úlceras.
Eso sí, no todas las várices necesitan tratamiento de urgencia. Algunas de ellas mejoran con medias de compresión y elevar las piernas al acabar el día. Otras, cuando son de mayor tamaño, aparecen las molestias y hay que actuar.
Algunos cambios que se pueden hacer en la vida diaria
Antes de nada, puedes probar caminando más, evitando estar parado o sentado muchas horas, y compra unas medias elásticas que aprieten lo necesario para ayudar a la circulación. De la misma forma, debes vigilar tu dieta y lo mejor es estar en un peso saludable, porque una menor presión sobre las venas reduce los riesgos de que aparezcan. Las cremas y geles pueden aliviar temporalmente, pero no sirven para hacer que desaparezcan. Si estás mejor con todo esto, estupendo; de lo contrario, tendrás que visitar al especialista.
Escleroterapia: la solución clásica
Este es uno de los tratamientos más habituales. Se inyecta una sustancia que es un líquido o espuma esclerosante en la vena que hace que se irrite y consigue cerrarla. De esta forma, la sangre busca otro camino. Esta intervención se hace en consulta y no necesita anestesia general. En tan solo media hora puedes irte a casa. Esta solución es perfecta cuando las venas son de tamaño pequeño o mediano. Lo mejor es que no deja cicatrices visibles y se puede volver a la vida normal al día siguiente. Eso sí, en ocasiones pueden necesitarse varias sesiones; todo dependerá del número de várices.
Láser endovenoso: precisión sin utilizar bisturí
Cuando las várices son más grandes, este tipo de láser es el más utilizado. Se introduce un catéter fino por una vena próxima a la rodilla y el láser calienta la pared interna para sellarla. Todo se realiza utilizando anestesia local y en menos de una hora puedes caminar a tu casa con un vendaje.
Al día siguiente puedes hacer vida normal y no hay puntos ni estancia en el hospital. El calor del láser lo que hace es cerrar la vena y la sangre se redirige sin problemas. Solo sientes un pinchazo al principio y luego ya nada. En tan solo una semana notas la mejoría.
Radiofrecuencia: parecido, pero con calor controlado
Bastante similar al láser, pero aquí se utilizan las ondas de radiofrecuencia que son las que se encargan de generar calor. El catéter se mete igual y también el objetivo es cerrar la vena desde dentro. Existen médicos que optan por este método al repartirse el calor de forma más uniforme y porque se reducen los riesgos de quemaduras leves. Un tratamiento ambulatorio con resultados duraderos.
Otras opciones menos invasivas
Existen novedades como el método Clarivein o Flebogrif, en el que se combina la rotación mecánica con espuma para cerrar las venas. Se realizan en menos de media hora y no son muy dolorosos. El VenaSeal utiliza un pegamento médico y sella todo. Este tipo de técnicas son ideales para casos complejos y son de gran precisión. Cuando hay arañitas más superficiales, el láser transdérmico desde fuera de la piel no necesita de pinchazos. Todo dependerá del tamaño y la ubicación. Un especialista debe hacer la evaluación necesaria.
¿Qué pasa después del tratamiento?
El paciente debe llevar medias de compresión durante unos días o semanas, caminar para activar la circulación y evitar tomar el sol. En ocasiones se producen hematomas o tiranteces, pero se pasan al cabo de unos días. En un mes los resultados son ya visibles, que es cuando las venas objeto del tratamiento se retraen. Así es como se reducen los síntomas como la pesadez en las piernas.
¿Cuándo se debe acudir al médico?
Muchas personas se tiran años con várices, pero no saben cuándo es necesario ir al médico. Si notas que el dolor es constante, hay cambios en el color de la piel o heridas que no acaban de cerrarse, es el momento. Los cirujanos vasculares hacen un examen y se pone en marcha un plan de actuación sobre el problema.
Todas las várices no son iguales, por lo que es un tratamiento adaptado a cada caso. En nuestro país son muchas las clínicas que lo cubren por la seguridad social si hay complicaciones y por la privada, tanto si es un problema estético como si es de mayor gravedad.
La edad no es importante, pero sí lo es el estado en el que se encuentren las venas.
La prevención importa
Lo ideal antes que curar es prevenir. Antes hablábamos de los cambios que es posible hacer en nuestra vida diaria en el caso de que las tengamos, pero lo ideal es que todos pongamos de nuestra parte para que no aparezcan. Volvemos a recomendar hacer ejercicio o moverse cada hora, elevar las piernas, alejarse del sobrepeso y seguir una dieta con poca sal. Existen plantas como la vid roja o el castaño de indias que se pueden tomar en infusiones y ayudan bastante, aunque no sustituyen a los tratamientos. Hacer deporte a diario ayuda, en especial la natación.









