¿Y si organizas un viaje en función de sus conciertos?

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Siempre planeamos los viajes de la misma forma: buscamos vuelos, miramos el tiempo, guardamos sitios en Google Maps y decidimos qué museos o restaurantes visitar. Y claro, luego pasa lo de siempre: te encuentras en la ciudad, ves carteles de un concierto increíble que fue justo la noche anterior y te quedas con cara de “¿en serio?”.

A mí eso me hizo pensar. ¿Y si el viaje girara en torno a otra cosa? Por ejemplo, la música. Si te gusta un cantante o un grupo, ¿por qué no planificar tus vacaciones en función de dónde tocan? Es otra forma de viajar, más personal, más divertida, y te aseguro que cambia por completo la experiencia.

 

El plan más clásico (y el más predecible)

Mucha gente organiza los viajes pensando en los lugares más culturales: los museos, los monumentos, las catedrales y todo eso que aparece en las guías turísticas. Y no voy a mentir, tiene su encanto. Ver una pintura famosa o caminar por calles llenas de historia puede ser emocionante. Pero también pasa que todo el mundo va al mismo sitio, a la misma hora, con la misma foto en mente.

He estado en ciudades donde la cola para entrar a un museo parecía una procesión. Nadie hablaba, todos mirando el móvil. Luego entras, haces una foto a la obra famosa y te vas. No digo que no sea interesante, pero a veces parece más una obligación que un deseo. Como si viajar sin ver ciertos lugares fuera un pecado.

La cultura está genial, pero cuando el motivo del viaje se reduce a “hay que ver esto porque lo dice todo el mundo”, el viaje pierde un poco de alma. Es como si siguieras una lista más que tus propias ganas.

Y lo peor es que, al final, muchos lugares se convierten en copia pegas del anterior.

 

El plan que nunca falla (aunque te suba tres kilos)

Hay gente que elige el destino por la comida, y la verdad, lo entiendo perfectamente. Comer bien puede ser la mitad del placer de viajar. Yo misma he hecho listas enteras de restaurantes antes de pisar un aeropuerto.

Ir a probar una pizza en Nápoles, un ramen en Tokio o unos tacos en Ciudad de México suena a planazo. La comida tiene una cosa buena: te conecta con la gente del lugar sin necesidad de hablar el idioma. Pero a veces nos obsesionamos con la comida y olvidamos todo lo demás.

He visto personas que reservan con meses de antelación en un restaurante con estrella Michelin y no pruebar la comida callejera de la esquina, que probablemente tenga más sabor y menos pretensión.

Lo que quiero decir es que está bien viajar por gastronomía, pero no tiene que ser la única forma. Hay mil maneras de que un viaje tenga sentido, y una de ellas, que poca gente se plantea, es la música.

 

El plan de los que buscan aire (y silencio)

El plan de los que buscan montañas, bosques, playas vacías o cualquier sitio donde no haya demasiada gente ni ruido (como yo). Esa sensación de respirar aire limpio y no escuchar motores es maravillosa.

Viajar por naturaleza tiene algo muy reparador. No necesitas más que tus zapatillas y ganas de caminar. Pero, claro, también depende del tipo de persona que seas. Hay quienes disfrutan dormir en una tienda de campaña y hay quienes no pueden vivir sin Wi-Fi ni ducha caliente.

Yo, sinceramente, hago senderismo durante días o me voy a ver auroras boreales a temperaturas bajo cero. Pero también pienso que no todo el mundo necesita un viaje así para sentirse vivo. A veces la conexión con algo real también puede venir de una canción, de un ambiente, de una emoción compartida en un concierto.

La naturaleza tiene su magia, pero la música también te mueve por dentro.

 

Una idea que nadie te dice pero todos deberían probar

¿Y si tus próximas vacaciones giraran alrededor de un concierto? En lugar de elegir un país al azar, podrías mirar dónde actúa tu grupo favorito y hacer el viaje a partir de eso.

Imagina que te encanta una banda que está de gira por Europa. En lugar de esperar a que vengan a tu ciudad (si es que lo hacen), puedes buscar las fechas y elegir la que te quede mejor: ves el concierto y conoces una ciudad nueva. La experiencia cambia por completo: no es lo mismo visitar París por ver la Torre Eiffel que ir porque ahí toca tu artista favorito.

De pronto, el viaje tiene un propósito emocional. Ya no es “voy a conocer un sitio bonito”, sino “voy a vivir algo que recordaré toda la vida”. Y eso tiene mucho más peso. Además, planificarlo es divertido: eliges la fecha, buscas alojamiento, organizas qué hacer antes y después del concierto, y todo se convierte en una especie de aventura personalizada.

Puede ser un festival, una banda emergente o un evento pequeño. Lo importante es que el viaje tenga ese punto de emoción que solo la música da.

 

Cómo planificar un viaje en función de conciertos

Vale, ya te convencí: quieres organizar tu próximo viaje en función de los conciertos. Pero, ¿por dónde empezar?

Lo primero es buscar las giras o festivales que te interesan. Desde Logiticket, una web donde buscar y reservar conciertos online, nos aconsejan no centrarnos solo en la ciudad más conocida del tour. A veces hay conciertos en lugares más pequeños donde el ambiente es mejor, las entradas son más baratas y se disfruta más. Es un buen consejo, porque muchos fans van solo al concierto más grande y se pierden experiencias mucho más cercanas.

Después, toca organizar el resto del viaje. Lo ideal es llegar al menos un día antes del concierto, para evitar sustos con los vuelos o trenes. Aprovecha ese día para conocer la ciudad, comer algo típico y empaparte del ambiente local.

El día del concierto, no te agobies. Come bien, hidrátate y llega con tiempo. No hay nada peor que perderte media actuación por estar haciendo cola o buscando el sitio.

Y si te queda energía, al día siguiente puedes visitar lo que te apetezca.

Si lo haces bien, ese viaje se convierte en algo más que una escapada: se vuelve una historia que contarás durante años.

 

Viajar siguiendo conciertos te enseña cosas que otros viajes no.

Primero, aprendes a moverte con más libertad. No estás atado a los elementos turísticos, sino a las ganas de estar en un lugar por un motivo concreto.

También descubres ciudades desde otra perspectiva. Por ejemplo, llegas a un sitio donde nunca habrías estado si no fuera porque tu artista favorito toca allí, y acabas enamorándote del ambiente, de la comida, de la gente y hasta de pequeños detalles que antes que no conocías. Ves calles que parecen normales, pero cobran vida gracias a la música, a los carteles, a la energía de la gente que espera para entrar.

Además, se vuelve una forma muy personal de viajar. No estás haciendo lo que hacen todos, sino lo que te hace ilusión, y y no hay nada más auténtico que eso. Y cuando vuelves, no traes solo fotos o recuerdos típicos, sino una historia tuya, única y llena de momentos que recordarás siempre, incluso risas, conversaciones inesperadas y emociones que no habías sentido antes.

Parece una tontería, pero cuando haces algo así, toda tu sintonía con la música cambia. Las canciones ya no suenan igual, te recuerdan a una ciudad, a un momento, a una emoción concreta y hasta a sensaciones que ni esperabas. Y eso es algo que ningún viaje tradicional te da.

 

Una nueva forma de entender los viajes

Creo que organizar un viaje en función de conciertos es una idea que merece más atención. No todos los viajes tienen que ser culturales, gastronómicos o naturales, a veces lo mejor es dejarse guiar por lo que te gusta, sin más.

Si te apasiona la música, este tipo de viajes tienen un sentido especial. No solo disfrutas del destino, sino que también vives algo que te marca. Y si lo piensas bien, eso es lo que buscamos cuando viajamos: sentir algo diferente, vivir algo nuevo, salir de la rutina.

Así que la próxima vez que pienses en tus vacaciones, échale un ojo a las fechas de las giras. Puede que descubras un destino nuevo, o incluso una parte de ti que no sabías que necesitaba salir a bailar entre desconocidos.

 

Cuando el viaje tiene ritmo, todo cambia

Al final, viajar en función de los conciertos no es solo una forma distinta de moverte, sino una forma distinta de vivir. Es combinar dos placeres: el de descubrir lugares nuevos y el de escuchar la música que te hace feliz.

Y no hace falta que sea un gran viaje. Puede ser una escapada corta, un concierto en otra ciudad o un festival en verano. Lo importante es el espíritu con el que lo haces: con ganas de pasarlo bien y sin preocuparte por hacer el viaje “perfecto”.

Porque los viajes más memorables no son los que salen según el plan, sino los que te hacen sonreír cuando los recuerdas. Y si ese recuerdo viene acompañado de una canción en directo, mejor todavía.

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