Disfrutar del ocio o el deporte implica en muchas ocasiones tener que invertir algo de tiempo y dinero en aquellos objetos o medios que usemos para ello. Y la historia que estoy a punto de contaros es una buena prueba de ello. Soy de Valencia y siempre me ha apasionado el mundo de la navegación. Por suerte, en mi familia hemos tenido una embarcación para disfrutar, en nuestro querido mar Mediterráneo, de un placer como del que os acabo de hablar. Pero es cierto que, desde la Dana del año pasado, hemos tenido que solventar algunas cosas en relación a la embarcación, que sufrió algunos daños.
Empezaremos por hablar de esa Dana, que ocasionó daños no solo a mí o a mi familia, sino a todas las personas que se encontraban viviendo en la zona. De acuerdo con una noticia publicada por el diario El País, este desastre destrozó 1.500 kilómetros de carreteras, 99 kilómetros de ferrocarril y más de 4.000 edificios. Se trata de unas cifras que son horribles y que muestran que los días que vivimos en esta zona fueron realmente malos, los peores de las vidas de quienes estamos por aquí. En total, y según la misma noticia, el volumen total de personas afectadas fue de 190.000. Casi nada.
¿Y qué hay de los costes económicos? Lo cierto es que han sido cuantiosos, como ya habréis visto en muchas otras noticias. De acuerdo con una información de Abc, la dana de Valencia fue uno de los 10 desastres más costosos de todo el mundo en 2024. Uno de los estudios a los que se refiere esta noticia indica que los costes superaron los 4.000 millones de euros, una cifra realmente terrorífica y que deja claro que aquello no fue una broma, sino uno de los peores desastres naturales que hemos vivido ya no solo en Valencia, sino en la totalidad de la geografía española, a lo largo de toda nuestra Historia.
Nuestro pequeño barco fue uno de los que salió perjudicados durante la dana. Y la verdad es que no nos sentimos desafortunados ni mucho menos porque solo sufrió algunos daños y no se perdió por completo. Era reparable. Tardamos algunos meses en darle prioridad a esto porque lo primero era asegurarnos de que todas las personas que conocemos estuvieran bien y porque también tuvimos que reparar los muchos desperfectos que sí sufrió nuestra casa, de la que se inundó toda la primera planta y que nos dejó prácticamente sin poder vivir con normalidad hasta hace apenas unos pocos meses. Después, cuando ese tema empezó a quedar resuelto, sí que nos encargamos del barco.
Cuando llegó la hora de reparar los daños que la dana había ocasionado a nuestra pequeña embarcación, empezamos a tener en cuenta las distintas opciones que teníamos sobre la mesa. Los desperfectos no habían sido demasiados aunque había que repararlos, por supuesto. Empezamos a preguntar por los diferentes astilleros y, después de algunos días valorando unas propuestas y otras, nos decantamos por Astilleros Mediterráneo, una entidad que trabaja en este sector desde 1995, porque el estilo nos pareció interesante: fusionar artesanía marítima con innovación. O lo que es lo mismo: mezcla de tradición y modernidad, un clásico que siempre funciona y que queríamos implementar para que nuestra embarcación volviera a tener la imagen que le correspondía.
Tengo que reconocer que las cosas nos salieron mejor incluso de lo que nos esperábamos en un principio. En cuanto empezamos a gestionar este tema y empezamos a ver los resultados, nos sentimos realmente bien porque pudimos comprobar que, aprovechando la situación, íbamos a conseguir una mejora sustancial en lo que tiene que ver con la imagen de la embarcación. Aunque pasaron algunas semanas hasta lo que vimos terminado, cosa que por otra parte es lógica porque este tipo de arreglos no se hacen de la noche a la mañana, lo cierto es que nos pareció un trabajo magnífico y que nos dejó una satisfacción con la que, la verdad, no contábamos en un principio.
Ni que decir tiene que tardamos poco en poner la embarcación en funcionamiento de nuevo. Tened en cuenta que llevábamos mucho tiempo sin poder usarla, así que las ganas que teníamos eran muy grandes y, cuando las reparaciones estuvieron terminadas, nos faltó tiempo para organizar una salida. Tenemos a una persona de confianza que dispone de la documentación para conducir el barco y la verdad es que estuvo encantada de poder volver a salir con nosotros. Después de lo mal que lo habíamos pasado durante tantos meses, ese momento fue muy especial y creo que tanto yo como el resto de mi familia vamos a guardar ese bonito recuerdo durante un montón de años más.
Un disfrute para toda la familia
Salir en barco por La Albufera, por ejemplo, es algo que nos encanta y que hemos vuelto a hacer de manera habitual después de todo lo que pasó a finales del año pasado. Durante los meses de verano hemos aprovechado las vacaciones para disfrutar de esto y de los atardeceres que ofrece una zona como esta, que si no los habéis vivido os invito a que lo hagáis. Y ahora valoramos mucho más estos momentos de lo que lo hacíamos antes porque le hemos visto las orejas al lobo después de la desgracia de la dana y porque está claro que la vida hay que disfrutarla porque nunca sabemos cuándo se nos puede acabar y cuándo va a cambiar.
Esto ha servido para que toda la familia se encuentre a la perfección y disfrute de esos momentos de felicidad que tanto se merece después de un año tan duro. Salir con la barco es algo que le viene de perlas a quienes son más mayores, que hacen algo para combatir la monotonía del día a día, a las personas de mediana edad porque son las que más estrés podemos acumular por cuestiones relativas al trabajo y a los jóvenes, que disfrutan como nadie del mar. Por tanto, es evidente que tenemos que seguir haciendo una actividad como esta porque, a nivel familiar, nos viene y nos va a seguir viniendo de perlas.
Hay que recuperar las ganas de vivir cuando se ha pasado por un trance como el que le tocó pasar a toda la zona geográfica en la que vivimos. Estamos cerca de que se cumpla un año de la desgracia a la que hemos hecho referencia y la verdad es que, poco a poco, en Valencia y sus alrededores se va recuperando la normalidad, si bien todavía quedan cosas por hacer y, como no podía ser de otro modo estando en España, responsabilidades por depurar. Cada cual empieza a tener la oportunidad de volver a realizar las actividades que siempre le han gustado, que variarán con respecto a cada persona. Con independencia de cuál sea la actividad elegida para alejar de la mente todos esos malos recuerdos, es igual de necesaria para salir adelante.
Vivir en Valencia para mí es un privilegio
Hay mucha gente que ha repetido a lo largo de este año aquello de: “menos mal que no vivo en Valencia, porque imagínate lo que me podría haber sucedido”. A mí me hace un montón de daño una frase como esa y creo que no es justa en absoluto. Para mí, vivir en Valencia es un auténtico privilegio porque es una de las zonas que cuenta con una mayor calidad de vida de toda España. Y lo diré siempre, aunque hayamos tenido que experimentar situaciones como la dana del año pasado, en la que algunas malas decisiones y la orografía del terreno hicieron que la desgracia se instalara de manera irrevocable sobre muchas de nuestras localidades.
No hay muchos lugares en los que, por ejemplo, se pueda disfrutar de un paseo en barco como el que nosotros podemos hacer en La Albufera. Y es que no hay muchos sitios en el mundo que cuenten con un espacio como este, que es una de las mejores reservas de flora y fauna que existen en Europa y que deberíamos cuidar mucho más entre todos. Quien ha venido a disfrutar de ella desde otros lugares de la geografía mundial ha comprendido de inmediato por qué los valencianos decimos lo que decimos y nos parece perfectamente lógico. Si además de ello le añadimos lo bien que se come por aquí (aquí hacemos muchas cosas bien, además de la paella) esto se convierte en poco menos que el paraíso.
Un año es poco tiempo, pero los valencianos estamos recuperando la actitud positiva que nos ha caracterizado desde siempre y que vimos mermada a finales de octubre del año pasado. Ojalá que no vuelva suceder algo como lo que pasó aquí el año pasado. Pero, si es así, tened claro que volveremos a salir adelante y que no habrá nada ni nadie capaz de frenarnos en aquellos empeños que tengamos en la cabeza. Lo haremos cada uno a nuestra manera, pero teniendo claro que seguimos viviendo en un lugar en el que merece la pena estar.









