Hablar de depilación láser es hablar de uno de los tratamientos estéticos que más han evolucionado en los últimos años. Lejos de aquellas primeras sesiones en las que el dolor era considerable y los resultados no siempre predecibles, hoy el láser se ha convertido en una solución cómoda, segura y cada vez más adaptada a todo tipo de pieles y necesidades. Y es que la depilación ya no es simplemente una cuestión de eliminar vello, se trata de hacerlo con precisión, eficacia y garantías.
La base científica de la depilación láser.
Aunque pueda parecer magia que un haz de luz consiga eliminar el vello de forma duradera, en realidad todo se explica por la fototermólisis selectiva. Este principio consiste en emitir una luz que es absorbida específicamente por la melanina presente en el pelo. Esa energía lumínica se transforma en calor y acaba destruyendo el folículo piloso, que es la raíz del pelo. Al afectar directamente a esa estructura, el vello no vuelve a crecer o lo hace de forma cada vez más fina y débil.
Pero para que ese calor no dañe la piel que rodea el folículo, es imprescindible que la longitud de onda sea la adecuada y que el sistema cuente con mecanismos de enfriamiento. Por eso, la diferencia entre un tratamiento de calidad y otro mediocre no es únicamente el tipo de láser, sino también los parámetros que lo acompañan y la experiencia de quien lo aplica.
Qué tipos de láser existen y cómo se adaptan a cada piel.
No todos los láseres son iguales. De hecho, uno de los motivos por los que este tratamiento ha ganado tanto terreno en los últimos años es la aparición de diferentes tecnologías capaces de adaptarse a cada fototipo (color de piel) y a la zona del cuerpo a tratar. El láser no actúa igual en una axila que en un mentón, ni responde igual una piel clara que una muy morena. Por eso conviene conocer los principales tipos que se utilizan hoy en día:
- Láser Alejandrita (755 nm): Este láser funciona mejor en pieles claras con vello oscuro. Su longitud de onda es bastante eficaz para alcanzar la melanina, lo que permite obtener resultados visibles en pocas sesiones. Es habitual en zonas amplias como piernas o brazos, ya que su velocidad de disparo permite cubrir áreas grandes con rapidez. Sin embargo, en pieles muy oscuras puede provocar reacciones o no ser tan preciso, ya que la melanina de la epidermis también absorbería parte de la energía.
- Láser Diodo (800-810 nm): Probablemente es el más utilizado hoy en centros especializados debido a su versatilidad. Se adapta a fototipos más variados y resulta especialmente eficaz en pieles algo más oscuras. Además, tiene una penetración más profunda, por lo que funciona bien en vello más grueso o en zonas como la espalda, el pecho o las ingles. Algunos equipos modernos permiten modificar los parámetros para personalizar el tratamiento según el cliente, lo que aumenta su eficacia sin aumentar el riesgo.
- Láser Nd:YAG (1064 nm): Es el más seguro para pieles oscuras o bronceadas, ya que su longitud de onda evita dañar la capa superficial. Llega a las capas más profundas de la piel, aunque su efecto sobre vello fino o claro es algo más limitado. Su uso suele estar enfocado a personas con fototipos altos, y en muchas ocasiones se combina con otros láseres para lograr mejores resultados.
- Luz Pulsada Intensa (IPL): Aunque no es un láser en sentido estricto, se usa también en tratamientos de fotodepilación. Utiliza un espectro amplio de luz que, a diferencia del láser, no se dirige de forma tan precisa al folículo. Eso hace que sea menos eficaz en términos de depilación permanente, aunque puede ser útil para personas con vello más fino o como mantenimiento tras sesiones de láser.
Frecuencia y sesiones recomendadas.
Una de las preguntas más habituales cuando alguien se plantea iniciar este tratamiento es: ¿cuántas sesiones hacen falta? La respuesta depende de muchos factores, desde el tipo de piel y vello hasta la zona a tratar o el sistema empleado. En general, se estima que pueden ser necesarias entre seis y diez sesiones para lograr una reducción del vello superior al 80 %. Sin embargo, hay zonas hormonodependientes (como el rostro o la línea alba) donde el vello puede reaparecer con el tiempo, lo que obliga a realizar sesiones de repaso o mantenimiento.
El ciclo de crecimiento del pelo también influye. No todos los folículos están activos al mismo tiempo, por eso las sesiones deben espaciarse en el tiempo. Normalmente se programan con un intervalo de entre cuatro y ocho semanas, dependiendo de la zona y del momento en que se encuentre el vello.
Zonas del cuerpo que más se tratan y particularidades.
Aunque cada vez se extiende más su uso en todo el cuerpo, hay zonas donde la depilación láser es especialmente solicitada:
- Axilas: es una de las zonas que mejor responde. El vello suele ser oscuro y grueso, y la piel clara, lo que lo convierte en un área ideal para la mayoría de láseres.
- Ingles y pubis: los tratamientos en esta zona requieren más precisión y cuidado, especialmente por la sensibilidad de la piel. Es frecuente que se usen tecnologías con sistemas de refrigeración más avanzados.
- Piernas completas: requieren sesiones más largas, pero el láser suele ser muy eficaz si el vello es denso y bien pigmentado.
- Rostro femenino: especialmente en la zona del labio superior, mentón y patillas. Al tratarse de una zona muy expuesta y hormonodependiente, los resultados pueden necesitar mantenimiento periódico.
- Espalda, pecho y abdomen: cada vez más hombres optan por el láser en estas áreas, y por sus características suelen necesitar más sesiones que otras zonas.
Factores que influyen en la eficacia del tratamiento.
Hay varios elementos que determinan si el tratamiento tendrá mejores o peores resultados. Por ejemplo, el color del vello es un aspecto importante a tener en cuenta: cuanto más oscuro, más eficaz será el láser, ya que la melanina absorberá mejor la energía. El vello rubio, blanco o pelirrojo contiene muy poca o ninguna melanina, lo que dificulta el tratamiento. En esos casos, los resultados suelen ser más lentos y menos permanentes.
Otro factor relevante es el tipo de piel. Las pieles claras con vello oscuro siguen siendo las que mejor responden, pero las nuevas tecnologías permiten tratar de forma segura pieles morenas e incluso bronceadas, siempre que se utilicen longitudes de onda adecuadas y sistemas de refrigeración eficaces.
Por otro lado, la edad, el sexo y los factores hormonales pueden afectar a la velocidad de crecimiento del vello o a la aparición de nuevos folículos. Las mujeres con síndrome de ovario poliquístico, por ejemplo, pueden necesitar sesiones más frecuentes debido a los desequilibrios hormonales que estimulan el crecimiento del vello facial.
Tecnologías complementarias para aumentar el confort y la seguridad.
Uno de los avances más destacables en los sistemas modernos de depilación láser es la incorporación de tecnologías pensadas para proteger la piel y reducir la sensación térmica. Algunos equipos cuentan con puntas de zafiro refrigeradas que mantienen la piel fresca durante todo el disparo, lo que permite usar más energía sin provocar molestias.
También hay equipos que combinan diferentes longitudes de onda en la misma sesión, permitiendo trabajar distintas profundidades y tipos de vello de forma simultánea. Esta estrategia es especialmente útil en zonas como las piernas o la espalda, donde puede haber diferentes tipos de pelo.
Los sistemas de detección de fototipo, por su parte, ajustan automáticamente los parámetros del láser para evitar sobrecalentamientos o reacciones adversas. Esto ayuda a prevenir quemaduras, manchas o irritaciones, algo que antes era más común en tratamientos con poca personalización.
El equipo del Centro de Estética Linaje recomiendan acudir siempre a un profesional con experiencia, ya que una mala elección de parámetros o un uso incorrecto del equipo puede afectar a la piel más de lo esperado. Además, destacan la importancia de realizar una prueba previa para ver cómo reacciona cada tipo de piel antes de iniciar un tratamiento completo.
Cuidados previos y posteriores a cada sesión.
Para que el tratamiento sea eficaz y seguro, hay una serie de recomendaciones que conviene seguir antes y después de cada sesión. En los días previos, es importante evitar la exposición al sol, ya que el bronceado puede aumentar el riesgo de quemaduras. Tampoco se debe usar autobronceadores ni exfoliar en exceso la zona.
El vello debe rasurarse con cuchilla uno o dos días antes de la sesión, pero no debe eliminarse de raíz (nada de pinzas ni cera), ya que el láser necesita que el folículo esté presente para poder actuar. Durante la sesión, conviene llevar ropa cómoda y evitar cremas o perfumes en la zona a tratar.
Después de cada aplicación, la piel puede quedar algo enrojecida o caliente. Por eso, es recomendable aplicar cremas calmantes tipo aloe vera y evitar saunas, piscinas cloradas o ejercicios muy intensos durante al menos 24 horas. También se debe evitar tomar el sol durante unos días para evitar pigmentaciones no deseadas.









