Si alguna vez has sentido dolor en los pies, uñas encarnadas o simplemente has tenido curiosidad sobre qué hace exactamente un podólogo, este artículo es para ti.
Vamos a descubrir juntos qué es la podología, qué problemas trata, cómo trabajan estos profesionales y cómo saber si necesitas uno. Además, hablaremos del gasto aproximado de una consulta, para que no haya sorpresas.
¿Qué es la podología?
La podología es la rama de la salud que se encarga del estudio, diagnóstico, tratamiento y prevención de todo lo relacionado con los pies y tobillos (Sí, esos héroes olvidados que nos sostienen todo el día y que muchas veces descuidamos).
Un podólogo es el profesional especializado en mantenerlos sanos, aliviar dolores y prevenir problemas que, aunque parezcan pequeños, pueden afectar seriamente a tu movilidad y calidad de vida. Desde dolores musculares hasta infecciones, uñas encarnadas o problemas derivados de tu postura, la podología tiene un abanico de acciones sorprendentemente amplio.
¿Qué ramas cubre esta ciencia?
Aunque muchas personas piensan que los podólogos solo cortan uñas o tratan callos, su trabajo va mucho más allá. Entre las ramas más importantes destacan:
- Podología clínica.
Esta es la que probablemente conocemos más, aunque muchas veces subestimamos su alcance. La podología clínica se centra en tratar infecciones, hongos, uñas encarnadas, callosidades, verrugas plantares y dolor en general. Es la versión más cercana a la idea de “ir al podólogo para arreglarme los pies”, pero con una base médica sólida. Aquí no hay improvisación: todo se hace tras una evaluación cuidadosa y con herramientas especializadas.
- Podología deportiva.
Para quienes aman el deporte o lo practican regularmente, esta rama es clave. Se centra en prevenir y tratar lesiones en los pies, mejorar la pisada y evitar dolores crónicos. Los podólogos deportivos analizan la forma de correr, caminar o saltar, y recomiendan plantillas personalizadas, ejercicios específicos o ajustes de calzado para optimizar la función del pie y prevenir lesiones. Incluso algunos atletas profesionales dependen de su podólogo tanto como de su entrenador.
- Podología infantil.
Los pies de los niños requieren cuidados especiales, y la podología infantil se encarga de ello. Desde pies planos, deformidades congénitas hasta problemas de crecimiento, esta rama analiza cómo evoluciona la estructura del pie y corrige posibles alteraciones para evitar problemas futuros. También enseña a padres y cuidadores a elegir el calzado adecuado, evitando hábitos que puedan generar molestias o deformaciones.
- Podología geriátrica.
Con la edad, los pies cambian y se vuelven más delicados. La podología geriátrica ayuda a personas mayores a mantener la movilidad, tratar uñas engrosadas, durezas, grietas o problemas circulatorios. También es importante para prevenir caídas, que son una de las causas más frecuentes de accidentes domésticos en personas mayores. Unos pies bien cuidados pueden marcar la diferencia entre movilidad y dependencia.
- Podología biomecánica.
Esta rama estudia la forma de caminar y la pisada, evaluando cómo el movimiento del pie afecta al resto del cuerpo. Mediante análisis de presión, estudios de marcha y plantillas personalizadas, el podólogo puede corregir problemas que afectan tobillos, rodillas, caderas e incluso la espalda. Si sufres de dolores que parecen no tener explicación, la causa podría estar en cómo pisas, y aquí es donde un buen podólogo biomecánico hace magia.
Como ves, la podología es un universo completo que va mucho más allá de “limpiar uñas” o “quitar callos”. Es prevención, salud y bienestar integral, y los profesionales que la ejercen tienen una formación especializada que combina anatomía, fisiología y técnicas terapéuticas.
¿Cómo trabajan los podólogos?
Según nos cuentan desde Icoa, la primera visita suele comenzar con una evaluación completa de los pies y la pisada. Esto incluye revisar uñas, piel, postura y, en algunos casos, hacer pruebas para entender cómo distribuyes el peso al caminar.
Dependiendo del diagnóstico, el podólogo puede:
- Recetar plantillas ortopédicas para corregir problemas de pisada.
- Tratar uñas encarnadas o infecciones con procedimientos específicos.
- Aplicar técnicas para eliminar callos o durezas dolorosas.
- Recomendar ejercicios para fortalecer pies y tobillos.
- Dar consejos sobre calzado adecuado y hábitos de higiene.
Todo esto se hace con herramientas especializadas y bajo medidas de higiene estrictas, porque la salud de tus pies merece máxima atención. Algunos podólogos también trabajan en equipo con fisioterapeutas o traumatólogos para abordar problemas más complejos.
Cómo saber si necesitas uno: síntomas que te ayudan.
No siempre esperamos a que un problema sea grave para visitar al podólogo, pero hay señales claras que indican que es momento de pedir cita. Reconocer estos síntomas a tiempo puede ahorrarte dolor, complicaciones y hasta visitas al médico por problemas derivados de los pies.
Aquí te contamos con detalle qué debes vigilar:
- Dolor persistente en pies, tobillos o talones: si notas molestias que no desaparecen después de descansar o que se intensifican al caminar, es una alerta. A veces este dolor puede estar causado por fascitis plantar, espolones calcáneos o problemas en los tendones, y un podólogo puede identificarlo y tratarlo antes de que se vuelva crónico.
- Uñas encarnadas, engrosadas o con hongos: las uñas que se clavan en la piel, se deforman o presentan cambios de color no solo son dolorosas, sino que pueden provocar infecciones graves. Un podólogo tiene las herramientas y los conocimientos necesarios para tratar estos problemas de forma segura y evitar que se repitan.
- Callos, durezas o verrugas dolorosas: los callos y durezas no siempre son solo un problema estético; muchas veces causan dolor al caminar o incluso inflamación. Las verrugas plantares pueden multiplicarse si no se tratan a tiempo. Un podólogo puede eliminar estas molestias de manera precisa y dar consejos para prevenir que vuelvan a aparecer.
- Cambios en la piel, como grietas profundas, descamación o enrojecimiento: ña piel de los pies nos habla de nuestra salud. Grietas profundas, descamación excesiva, enrojecimiento o inflamación pueden ser señales de sequedad extrema, infecciones fúngicas o problemas circulatorios. Detectarlos a tiempo permite un tratamiento eficaz y previene complicaciones.
- Dificultad para caminar o sensación de inestabilidad: si notas que cojeas, te cansas rápido al caminar o tienes sensación de inseguridad al pisar, podría ser un problema de la pisada o de la biomecánica del pie. Los podólogos pueden evaluar cómo distribuyes el peso y corregir posibles desequilibrios con plantillas o ejercicios específicos.
- Problemas derivados de la pisada, como dolor de rodillas, cadera o espalda: a veces los problemas en los pies no se manifiestan solo allí, sino que afectan articulaciones superiores. Dolor recurrente en rodillas, caderas o espalda puede tener su origen en un mal apoyo del pie. Evaluar la pisada con un podólogo puede mejorar tu postura y aliviar estos dolores asociados.
Incluso si solo sientes molestias leves como cansancio al caminar, hormigueo ocasional o ligera inflamación al final del día, una visita anual preventiva puede evitar que estos problemas se agraven. La prevención es muy importante: muchas veces, un chequeo rutinario detecta pequeñas alteraciones antes de que se conviertan en un dolor persistente o una infección complicada.
Curiosidades y datos interesantes sobre los pies.
Antes de hablar de precios, un par de curiosidades que te harán mirar tus pies con cariño:
- Los pies tienen 26 huesos, 33 articulaciones y más de 100 músculos, tendones y ligamentos. Sí, ¡todo eso cabe en tu calzado!
- El 80% de las personas experimentará algún problema en los pies a lo largo de su vida, desde callos hasta dolores crónicos.
- Los podólogos no solo arreglan uñas: también pueden prevenir lesiones deportivas, mejorar la postura y aliviar dolores que ni sospechabas que venían de los pies.
- Los pies son como una “ventana” de nuestra salud: problemas circulatorios, diabetes o artritis a menudo se reflejan primero en ellos.
Así que cuidarlos no es un lujo, es una inversión en tu bienestar general.
¿Cuánto cuesta una consulta?
El precio de una consulta de podología puede cambiar en función de la ciudad y el tipo de tratamiento que necesites. De forma general, una consulta básica suele estar entre 25 y 50 euros, mientras que procedimientos específicos, como el tratamiento de uñas encarnadas, callosidades profundas o plantillas personalizadas, pueden elevar el precio hasta los 70 o100 euros aproximadamente.
Si tienes seguro de salud, algunas coberturas incluyen la visita al podólogo, así que conviene revisar tu póliza. La inversión en podología es, en realidad, una inversión en tu movilidad y comodidad diario. ¡Tus pies te lo agradecerán!
¿Cuándo acudir de manera urgente?
Hay casos en los que no conviene esperar y es recomendable acudir al podólogo lo antes posible:
- Dolor intenso que impide caminar.
- Uñas muy infectadas o con pus.
- Lesiones profundas en la piel que no cicatrizan.
- Dolor asociado a fiebre o infección general.
En estos casos, la atención temprana evita complicaciones graves y asegura una recuperación más rápida. Además, un podólogo puede coordinar con médicos de otras especialidades si el problema tiene un origen más complejo.
El consejo final.
Tus pies sostienen todo tu cuerpo, te llevan de paseo, al trabajo y hasta a los lugares donde sueñas despertar un día nuevo. Cuidarlos no es solo un capricho, es salud. Visitar a un podólogo puede ayudarte a prevenir problemas serios, mejorar tu postura y hacer que caminar sea un placer en lugar de un dolor.
Así que ya sabes: si notas alguno de los síntomas que comentamos o quieres una revisión preventiva, no lo dejes pasar. Tus pies y tu bienestar diario te lo agradecerán más de lo que imaginas.









