Ser vigilante de seguridad, un oficio cada vez más demandado.

Hablar del oficio de vigilante de seguridad hoy tiene bastante sentido, porque se ha convertido en una salida laboral que aparece por todas partes: aeropuertos, hospitales, estaciones, centros comerciales, oficinas, recintos deportivos, urbanizaciones, conciertos, almacenes y un montón de espacios más en los que alguien tiene que vigilar, ayudar, prevenir problemas y ser una presencia constante.

Cuando se mira desde fuera, puede parecer un trabajo sencillo, como si bastara ponerse un uniforme, controlar entradas y salidas y mantener una postura firme, pero quien haya hablado alguna vez con un vigilante sabe que la realidad es bastante distinta: hay que estar atento, ser educado al tratar con el público, tener temple cuando alguien levanta la voz, moverse con rapidez en situaciones inesperadas y saber cuándo actuar y cuándo pedir apoyo.

Aun así, el aumento de la demanda hace que muchas personas se interesen por este trabajo, sobre todo jóvenes que buscan una ocupación con futuro o profesionales que quieren hacer un cambio en su vida laboral.

¿Por qué está tan solicitado?

Hay varias razones que explican este incremento de demanda:

  1. Tamaño actual del sector.

Muchas empresas gestionan servicios para centros privados y también para instituciones públicas, lo que genera una gran cantidad de espacios que necesitan vigilancia diaria. Cada edificio que abre, cada evento nuevo, cada instalación que se reforma o amplía puede requerir más personal, y entre ellos, destaca el de vigilante de seguridad.

  1. El cambio de mentalidad en la seguridad.

Es un hecho: mucha gente se siente más tranquila cuando ve a un profesional atento en la entrada de un recinto o recorriendo un pasillo: el simple hecho de contar con un vigilante reduce incidentes, previene conflictos y ayuda a que todo el entorno funcione con más calma. Eso ha hecho que muchas empresas decidan ampliar estos servicios porque el beneficio se nota enseguida en la organización interna y también en la comodidad de quienes visitan esos lugares.

  1. Mayor volumen de actividades y desplazamientos.

Vivimos rodeados de espacios con mucho movimiento y eso genera nuevas necesidades. Centros logísticos, zonas deportivas con una afluencia enorme, estaciones con horarios que cubren casi todo el día y recintos donde cada semana pasa algo distinto. Cuando esta actividad crece, se necesitan más personas que la controlen; ahí entra la figura del vigilante como un apoyo fundamental.

¿Qué hace exactamente un vigilante de seguridad?

El trabajo de un vigilante puede cambiar muchísimo según el servicio.

En algunos puestos la tarea principal consiste en controlar accesos, informar al público y mantener presencia en una entrada. En otros se realiza una vigilancia más activa, caminando por instalaciones amplias, comprobando pasillos, supervisando zonas donde puede entrar poca gente o controlando movimientos sospechosos.

Asimismo, en servicios más complejos se trabaja junto a sistemas electrónicos y cámaras, revisando imágenes, verificando avisos o activando protocolos. Muchos vigilantes explican que una parte importante del trabajo consiste en observar pequeñas señales que puedan indicar problemas. A veces se trata de alguien desorientado que necesita ayuda, una puerta mal cerrada, un vehículo mal estacionado en una zona delicada o un incidente menor que puede convertirse en un problema mayor si nadie interviene. Todo esto forma parte del día a día y requiere paciencia, criterio y una actitud constante de atención.

También se encuentran situaciones en las que el vigilante debe hablar con personas complicadas, suavizar discusiones o pedir apoyo cuando la cosa se descontrola. Aunque la imagen más común es la del vigilante serio y callado, lo cierto es que hablar con la gente es una parte enorme del trabajo. Hay que estar calmado cuando alguien protesta, tener paciencia cuando otra persona está nerviosa y explicar las cosas con claridad cuando un visitante no entiende por qué no puede acceder a cierta zona.

¿Qué necesitas para trabajar en este oficio?

Antes de dedicarse a esta profesión hace falta cumplir una serie de requisitos establecidos por la normativa española: ser mayor de edad, tener la nacionalidad correspondiente o permiso válido, carecer de antecedentes penales y demostrar aptitud física y mental para el trabajo. Además, es obligatorio realizar una formación específica en academias autorizadas, donde se repasa legislación, protocolos, primeros auxilios, manejo de situaciones conflictivas y conocimientos básicos de tecnología de seguridad.

Después de la formación se debe superar un examen que incluye una parte teórica y otra física. En Academia Marin nos explican que este proceso es el que permite solicitar la TIP, la Tarjeta de Identidad Profesional que habilita para trabajar como vigilante. Es un documento oficial, obligatorio y controlado por el Ministerio del Interior.

¿Qué puedes esperar cuando empiezas a trabajar?

Los primeros meses suelen ser intensos porque todo es nuevo. Muchos vigilantes recuerdan esa sensación de “estar en todas partes a la vez”, tratando de memorizar accesos, nombres, horarios de apertura, normas internas del edificio y el funcionamiento del sistema de cámaras. Pero poco a poco todo fluye.

Los turnos pueden incluir mañanas, tardes, noches y festivos. Esta organización da margen para alternar el trabajo con los estudios, familia u otras actividades, pero también exige cierta flexibilidad. Hay servicios donde los turnos son más estables, mientras que en otros cambian con frecuencia porque depende de los eventos o de la actividad del lugar.

En cuanto al sueldo, suele ajustarse a lo que marca el convenio, aunque hay servicios que pagan complementos por peligrosidad, nocturnidad o tareas que requieren más responsabilidad. Con el tiempo, si te especializas en funciones más complejas, puedes aspirar a mejores condiciones y puestos donde la exigencia es mayor y también lo es la compensación mensual.

La llegada de nuevas tecnologías.

El oficio ha cambiado bastante gracias a la tecnología. Hoy es habitual que los vigilantes trabajen con programas de control de accesos, sistemas de alarma conectados a centrales, cámaras con buena resolución y herramientas que permiten revisar información en directo y actuar rápido cuando algo llama la atención.

Estas herramientas ayudan mucho, porque ayudan a detectar incidentes antes de que pasen a mayores. Por ejemplo, una cámara puede mostrar un movimiento extraño en una zona apartada y avisar al vigilante, que se acerca para comprobarlo. O un sensor de acceso puede indicar que una puerta se abrirá solo a personal autorizado: todo esto facilita el trabajo y reduce riesgos.

El futuro del sector apunta a que esta tecnología seguirá creciendo. Y eso abre la puerta a nuevos perfiles más especializados dentro del propio oficio: vigilantes con formación más técnica, profesionales capaces de gestionar sistemas avanzados y personas que sepan interpretar datos que aportan estas herramientas. Aunque pueda sonar a gran cambio, muchos vigilantes dicen que este avance mejora mucho su jornada porque les permite trabajar de forma más organizada.

Las partes menos visibles del trabajo.

Aunque el oficio tiene muchas ventajas, también hay aspectos que conviene tener en cuenta antes de lanzarse a estudiar o trabajar de vigilante de seguridad:

  • Mantener la concentración durante largos turnos puede ser agotador, especialmente en servicios con poca actividad.
  • Estar de pie bastante tiempo o hacer rondas continuas también requiere cierta condición física.
  • Sobra decirlo, pero es importante saber que tratar con gente enfadada o en estado alterado es más habitual de lo que parece (lo cual nunca es agradable) por lo que se necesita bastante paciencia y mente fría.
  • Otro punto delicado surge cuando ocurren incidentes. A veces hay que reaccionar rápido, pedir apoyo, evitar enfrentamientos o calmar una situación complicada. Ese tipo de momentos ponen a prueba el temple de cualquier persona. Y aunque los protocolos ayudan, siempre existe una parte de improvisación inevitable, porque cada caso es distinto.

Pese a esos obstáculos, muchos vigilantes coinciden en que la satisfacción personal compensa el esfuerzo. Saber que tu presencia ayuda a que otros se sientan más tranquilos, o que has resuelto un problema antes de que fuera a peor, da una sensación de trabajo bien hecho, difícil de encontrar en otros sectores.

¿Qué tipo de persona encaja bien en este oficio?

Quien se sienta cómodo, observando, manteniendo la calma y tratando con gente de todo tipo puede encajar perfectamente en el sector. También es importante tener disciplina, ser puntual y estar dispuesto a seguir normas estrictas. El uniforme representa responsabilidad, y eso pesa bastante en algunos momentos, especialmente cuando se trabaja en lugares con gran afluencia de público.

La paciencia (como ya imaginarás) es otra cualidad a tener en cuenta, ya que un vigilante pasa buena parte de su jornada escuchando, resolviendo dudas, evitando discusiones y atendiendo a personas que llegan con prisa o nerviosas. Tener un trato amable es imprescindible para mantener un buen ambiente durante el servicio y con los compañeros y supervisores.

Si alguien busca una salida laboral con estabilidad y un propósito claro, este oficio puede ser una opción muy interesante. Y con la demanda actual, quien se forme y se prepare tiene bastantes posibilidades de incorporarse al sector sin esperar demasiado. Además, hay hueco para perfiles distintos, para quienes quieren trabajar en recintos tranquilos y también para aquellos que disfrutan en entornos con más movimiento: lo importante es tener ganas de aprender y asumir la responsabilidad que lleva el uniforme.

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